Irak: "Decidí que era mejor morir del todo en un segundo que morir un poco todos los días"
Farhan* tiene 3 años y parece un niño más chapoteando en una pequeña piscina infantil de plástico, con los brazos oscurecidos por el sol y un brillo travieso en los ojos. Hace más de un mes desde que Farhan y sus padres llegaron a un campamento de desplazados en Irak.
"Está mucho mejor", explica Jwan, compañero de la unidad de Protección Infantil de UNICEF en Irak. "Cuando llegó estaba muy agresivo. No quería tener contacto visual con nadie. Me acerqué a él y me presenté pero no quiso hablarme".
Hoy, los compañeros del equipo vuelven a comprobar el estado de Farhan y su familia.
El que menos preocupa ahora es el niño. Farhan sale de la piscina, se viste y está feliz de recibir un pequeño coche rojo como regalo. Lo estrecha fascinado, abre todas sus puertas y mira dentro.
Crisis en Irak: Una decisión desesperada
Hace ocho meses, Wafa y Farhan, miembros de la minoría religiosa yazidí de Irak, fueron secuestrados en Sinjar.
Durante casi tres meses, fueron trasladados por Irak antes de ser llevados a Siria, donde fueron encarcelados durante cinco meses. "Ellos no nos trataron ni a mi hijo ni a mí como seres humanos", cuenta Wafa. "Nos golpeaban y pateaban todos los días".
Durante casi tres meses, fueron trasladados por Irak antes de ser llevados a Siria, donde fueron encarcelados durante cinco meses. "Ellos no nos trataron ni a mi hijo ni a mí como seres humanos", cuenta Wafa. "Nos golpeaban y pateaban todos los días".
Farhan se vio obligado a memorizar el Corán y era brutalmente golpeado cuando no podía recordar los pasajes. Cuando sus captores finalmente amenazaron con vender a Farhan, la idea de separarse de su hijo empujó a Wafa a tomar una decisión desesperada.
"No tenía otra opción," nos explica. "Decidí que era mejor morir del todo en un segundo que morir un poco todos los días".
Wafa se había dado cuenta de que la esposa de su captor a menudo dejaba el apartamento donde estaban detenidos para hacer compras y visitar a amigos, algo que su marido le había prohibido hacer. Así que ella la amenazó con contarle al marido sus salidas diarias a menos que les ayudara a escapar.
El plan funcionó. La mujer los condujo hasta una familia siria que los albergó durante cuatro días, y se puso en contacto con el padre de Farhan, Yakup, en Sinjar. Después de muchas semanas de pasar de un punto a otro de la región, se las arregló para reunirlos.
"La fuga era como de película", explica Yakup. Unos vecinos ayudaron a Wafa y Farhan a llegar a la frontera entre Siria y Turquía. El padre de Farhan entonces se alistó para cruzar la frontera y poder traer a su esposa e hijo de nuevo a Irak.
"Yo no me lo podía creer", dice Wafa. "No podía imaginar que volviéramos a estar juntos".
Crisis en IraK: La necesidad de protección
Aunque la familia de Farhan está a salvo y reunida, las heridas psicológicas y emocionales son duras.
No hay cicatrices visibles en Farhan, pero se despierta gritando por la noche y tiene hemorragias nasales espontáneas. Cuando los aviones vuelan sobre el campamento, cierra las ventanas y apaga las luces, con miedo de estar siendo atacado.
"Sigue estando aterrorizado", explica Yakup. "Pero con el tiempo y con ayuda, como la que le brindan en los Espacios Amigos de la Infancia del campamento, volverá a ser un niño otra vez".
* Algunos nombres se han cambiado.
Post de Chris Niles, Responsable de Protección Infantil en Irak y Siria
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