Una niña estaba comiendo pan junto a su ventana, observando a los pajarillos que esperaban ansiosos que cayera una migajita. Brincaban de una rama a otra, impacientes, listos para atrapar el delicioso bocado. Para ellos una migaja debía ser como un pan entero. Entonces esparció más migajitas en el suelo. Inmediatamente, los pajarillos se amontonaron para cogerlas. La niña se quedó observando a un pajarito que se había posado en la ventana. Lo pilló distraído y lo atrapó, sintió su corazoncito que latía muy fuerte. ¿Se daría cuenta el pajarito de que ella era quien le arrojaba las migajas? No entendía por qué la temía. El pajarillo se debatía por escapar de su mano y se estaba lastimando, así que decidió soltarlo y éste salió volando hacia un árbol. Tomó otro pedazo de pan y lo desmoronó, las migajas cayeron al suelo, pero ahora los pajarillos sentían desconfianza, no querían ser atrapados como su compañero, así es que ella se apartó y observó por detrás de la venta...
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